Entrelazando el pasado y el presente en las montanas del Peru
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El hilado y la tejeduría han sido siempre una parte intrínseca de la sociedad inca y hasta nuestros días el tejido peruano es insuperable en todo el mundo. Tiempos atrás, las mejores tejedoras eran traídas al Cusco para tejer para la Corte Real de la Reina Inca llamada Coya. Estas mujeres luego se asentaron en comunidades de tejedoras en el Valle Sagrado del Cusco, donde trabajaban con lana de llamas, alpacas y vicuñas confeccionando los mejores tejidos del mundo, y donde permanecen hasta el día de hoy.

En la provincia peruana de Calca, existe una comunidad llamada Accha Alta donde viven ciento ochenta (180) familias, en esa comunidad hay un poblado más pequeño llamado Totora donde viven treinta y cinco (35) familias. Veinte de estas familias forman parte de la Asociación de Artesanos Textiles Pallay Awaq. La asociación está integrada mayormente por mujeres, cuya primera lengua es quechua, descendientes orgullosas del Imperio Inca y su tradición textil.

Esta comunidad dedicada al tejido y a la agricultura está ubicada a una altitud de más de 3941 metros sobre el nivel del mar y a cuarenta (40) minutos de la ciudad más cercana. Esta es quizás una de las comunidades más remotas que TFO Canadá ha buscado apoyar, un reto que ha hecho que su éxito sea mucho más gratificante.

Sabina Mamani Huallpa es una de las dieciséis (16) mujeres que trabajan en la asociación Pallay Awaq integrada por veinte (20) personas. Tuvimos la oportunidad de conocerla en 2014 a través de nuestros socios de implementación de proyectos en Perú MINCETUR (Ministerio de Comercio Exterior y Turismo de Perú) y Brand[Trade]. Ella fue una de las tejedoras que fue asignada a los diseñadores canadienses, quienes tomando en cuenta las opiniones de las tejedoras, buscaron maneras para modernizar sus diseños y al mismo tiempo preservar sus tradiciones. Este trabajo conjunto dio lugar a una adaptación de sus diseños originales a diseños que serían más atrayentes para los consumidores de Norteamérica.

Este proceso de incorporar nuevos diseños a sus tejidos tradicionales también ayudó a elevar la productividad al aprender a utilizar el sistema métrico, normalizar las medidas de cada pieza, lograr mayor consistencia y mejorar el control de la calidad. Esta nueva estandarización también llevó a las tejedoras a pasar del estilo de acabado “aguapa”, que era más complejo y trabajoso, al terminado en crochet que es más rápido y sencillo pero lo suficientemente fuerte como para ser utilizado también en grandes piezas. Sabina nos comentó que, si bien al inicio fue difícil utilizar el sistema métrico de medición y los nuevos estilos de acabado, pudo darse cuenta de la gran diferencia que estos hicieron en su trabajo al hacerlo más fácil y eficiente, al mismo tiempo reduciendo el desperdicio y por ende, los costos. Ella pudo ver claramente las ventajas de aprender este nuevo sistema.

Products

Para asegurarse de que se mantengan estos nuevos procesos de incremento de la productividad las tejedoras crearon un puesto nuevo para velar por el control de calidad llamado Tukuy Rikuq, una frase que proviene de los tiempos del Imperio Inca que significa “el que todo lo ve”. El Tukuy Rikuq se ocupa de inspeccionar el trabajo de las tejedoras para asegurarse de que cumplan con las normas que la organización ha establecido y de rescatar y resguardar el uso de su iconografía tradicional en los nuevos diseños. Cada miércoles y sábado el Tukuy Rikuq revisa el trabajo realizado la semana anterior.

En el verano del 2017 los productos de la asociación fueron exhibidos en la feria De Nuestras Manos 2017 en Lima, Perú. Si bien los diseños tradicionales aún gozan de una alta demanda por parte de los turistas, los diseños más modernos y más funcionales han registrado una demanda mayor a la prevista en el mercado peruano local. Tanto fue así que todos los diseños nuevos lograron venderse en la feria. Varios hoteles peruanos de lujo contactaron a las tejedoras e hicieron grandes pedidos de los nuevos diseños. En el pasado, los pedidos promedios oscilaban entre 500 y 1000 nuevos soles peruanos (moneda peruana) equivalente a $200 y $400 dólares canadienses. Ahora han recibido pedidos de hasta 25,000 nuevos soles o el equivalente a $10,000 dólares canadienses. Gracias a una mayor productividad, ahora pueden responder a varios pedidos al mismo tiempo y cumplirlos en fecha, algo con lo que habían tenido dificultades en el pasado.

Esta creciente demanda a la que condujeron los nuevos diseños y la mayor productividad ha tenido también un gran efecto en su comunidad. Varios de los esposos de las mujeres tejedoras, al ver las mayores oportunidades gracias a estas mejoras, ha decidido unirse a sus esposas y trabajar como tejedores en lugar de seguir en sus trabajos anteriores cargando equipaje de los turistas en Machu Pichu. La hija de Sabina también ha comenzado a tejer y con los ingresos generados entre las dos, su hija logró entrar en la Escuela Técnica Superior de Cusco. Este mayor ingreso también ha permitido a algunas de las otras mujeres reducir el trabajo agrícola y aumentar su tiempo como artesanas.

“La aceptación observada y la demanda de sus nuevos diseños, especialmente en el mismo Perú, les ha dado a los tejedores un renovado sentimiento de orgullo. La reacción de los consumidores ha hecho que valga la pena el proceso de aprendizaje por el que pasaron y que generó la creación de los nuevos diseños y mayor productividad”, explicó Mario Flores Alagón, presidente de Pallay Awaq. Inspirados por los elogios recibidos de parte de los consumidores, las tejedoras regresaron a Totora con más ánimo que nunca, listas a continuar entretejiendo el pasado con el presente y preparándose para al futuro, para así seguir deleitando al mundo con sus bellos diseños.

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